Una iniciativa de Parque del Recuerdo

Claudia perdió a su hija menor con síndrome de Down debido a una grave leucemia. El apoyo de su pareja, psicólogo, y las ganas de estar para su otra hija la han ayudado a sobrellevar su duelo.

“Perder a una hija es sentir que te arrancan algo de ti y tienes que aprender a vivir de nuevo” 

Claudia (51) tenía 4 maravillosas hijas. Las dos menores, Paula (30) y Nicole (20), vivían con ella y ambas tenían síndrome de Down. Las 3 hacían todo juntas, por lo que mantenían una relación muy cercana y especial. 

Nicole era la menor y según la describe Claudia, era buena para bailar, regalona y amorosa. También era loca, intensa y siempre estaba haciendo reír a los demás.    

Por su parte, Paula era alegre, cariñosa y ocupaba un espacio muy especial en su corazón.   

“Las 3 éramos partners. Íbamos juntas a todos lados”, dice Claudia.  

La pérdida de una hija  

Parecía que la vida de Claudia solo se llenaba de buenos momentos y recuerdos felices. Sin embargo, un día como cualquier otro, recibió una noticia inesperada: Nicole fue diagnosticada con leucemia. 

Fue una noticia impactante para ella y para la familia entera. No podía creer que una de sus hijas y a tan corta edad pudiera estar experimentando una enfermedad tan compleja. A pesar de que Claudia sabía que no existía la certeza de que su hija pudiera sobreponerse del cáncer, no lo pensó dos veces y decidieron comenzar con la quimioterapia. 

Fueron varios meses en los que Nicole pasó por altos y bajos. En una primera instancia logró sanar y la enfermedad desapareció, pero luego de 4 años el cáncer volvió y de una manera más agresiva.  

“Yo me olvidé de mis otras hijas, de mi pareja, de todos y me quedé con Nicole. Ella no se dejaba pinchar y no comía si no estaba yo a su lado. Estuvimos dando la pelea, pero los últimos 2 meses se puso todo mal; me dijeron que no se podía hacer nada más”, asegura. 

Nicole poco a poco dejó de responder al tratamiento y su cuerpo se fue debilitando cada vez más, hasta que finalmente falleció un 20 de diciembre y Claudia cuenta que “se fue dándome besitos igual que siempre”. 

El primer año de duelo fue complejo para toda la familia, porque era la primera vez que vivían el fallecimiento de un ser querido tan cercano.   

Claudia no sabía muy bien cómo actuar. Los primeros días sentía que no tenía la fuerza necesaria para salir adelante y empezó a creer que era imposible levantarse de algo así. “Yo pensé que no iba a aguantar el primer año. Sentía que me iba a ir y que no tenía que estar aquí (…). Perder a una hija es sentir que te arrancan algo de ti y que tienes que aprender a vivir de nuevo”, dice.  

Sin embargo, Claudia no se rindió, y con el pasar de los meses las cosas comenzaron a mejorar de a poco. El apoyo de su pareja y recibir acompañamiento psicológico la ayudaron a sentirse mejor. Con ellos podía expresar su tristeza, pena, enojo y todas las emociones que experimentó durante ese proceso. Esto fue muy sanador para ella.  

Pero también existía otro motivo por el cual no se rindió y se llenó de fuerzas para salir adelante: su hija Paula.  

Claudia cuenta que “si en algún momento pensé en tirar la toalla, Paula fue la que me hizo decir que no, porque ella me necesitaba también. Así como lo di todo por Nicole, lo tenía que dar todo por ella. Yo sé que Paula puede irse antes que yo, entonces ahora mi plan de vida es que sea feliz y que esté bien”.  

Poco a poco Claudia empezó a conectar de mejor manera con la pérdida y a vivir el presente, pero siempre recordando a su hija fallecida para las celebraciones y fechas importantes.  

«Yo siento que voy a vivir en duelo toda la vida, porque todos los días voy a extrañar a mi hija. Pero, así como la voy a extrañar, también la voy a recordar. Trato de que los recuerdos bonitos primen por sobre los malos que pasamos en el hospital, porque eso si me atormentaba. Sin embargo, yo siento que mi duelo está empezando a ser más llevadero”, expresa.  

No existe Navidad o cumpleaños que no la recuerde. Para este último nunca olvida comprar su torta, invitar a los seres queridos que alguna vez la conocieron y poner fotos para decorar el ambiente, porque así la siente presente. 

Estas fechas son motivo de reunión. Se crea un ambiente de confianza y cariño, donde no falta el momento en que alguien se acuerda de Nicole y cuenta una anécdota divertida que vivió junto a ella. De esta manera la celebración se llena de alegría y risas. A Claudia le encanta hablar de su hija, recordarla e inventar actividades para sentirla presente en su día a día. 

Ir al cementerio también le gusta, porque para ella significa visitarla en el lugar donde descansa su cuerpo.  

Cada vez que va a Parque del Recuerdo, donde se encuentra la sepultura de Nicole, lleva flores y se queda sentada junto a ella, hablándole y recordándola.  

“Tener bonita su sepultura y llena de flores me hace sentir que la arreglo y la pongo bonita. Eso me gusta, me lleno y me siento bien. Significa que me sigo preocupando de ella”, dice.  

Luego de 3 años del fallecimiento de Nicole, Claudia aún extraña a su hija, pero la recuerda de una manera más alegre.  

“Siento que no hay nada más terrible que perder a una hija, de eso creo estar segura. En mi casa siempre hay alegría, pero falta la presencia de Nicole”, reitera.  

Para Claudia fue muy sanador tener un espacio cómodo y de confianza durante su duelo donde pudiera expresar todas sus emociones. Fue beneficiaria del programa Contigo en el Recuerdo donde recibió atención y contención psicológica. A través de las sesiones con la psicóloga obtuvo una guía para poder sobrellevar su duelo de la mejor manera y consejos que para ella fueron muy efectivos.  

“Siempre hay que botar todo afuera y no guardarse nada. Siempre tener a alguien con quien conversar. Yo lloré muchísimo, pero entendí que lo más sanador es expresarse y hacer lo que tú quieras. Yo si no me quería levantar, no me levantaba. Si quería llorar, lloraba. Si quería reír, reía. Todo eso me ha ayudado. Que no daría por un abrazo de ella, por unos besos de mi hija, pero la tengo dentro de mi corazón y eso me fortalece. Yo le hablo a Nicole y le digo que me de fuerzas para salir adelante. No puedo ser menos que tú le digo, porque ella me dejó la vara muy alta”, sostiene.  

Hoy Claudia sigue adelante, conectando con quienes la acompañan, pero también vinculada de manera espiritual con Nicole.  

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