Una iniciativa de Parque del Recuerdo

Las primeras veces en el duelo

Los días pasan, el calendario avanza y, con el tiempo, la intensidad del dolor disminuye. Sin embargo, es importante recordar que el proceso de duelo no es lineal, y hay ciertos días en los que esto se hace especialmente evidente. El Día del Padre es una de esas ocasiones en que la ausencia de quien fue tan significativa para nosotros se vuelve más grande.

Cuando el calendario nos recuerda lo que falta

Durante el año hay diversas celebraciones y fechas conmemorativas que se convierten en «primeras veces»: momentos en los que la ausencia es aún más notoria y tangible.

El primer cumpleaños, el primer almuerzo familiar, la primera celebración sin esa persona, nos vienen a recordar que lo que antes estaba siempre presente y formaba parte de nuestro cotidiano, parece ahora irrecuperable.

Una oportunidad para transformar el vínculo

Sin embargo, estas primeras veces son también oportunidades para integrar la muerte de una manera diferente, comprendiendo que, a pesar de la pérdida terrenal, el vínculo no desaparece. La relación que se tenía con esa persona se transforma: se desplaza hacia la memoria, los simbolismos, los rituales y las nuevas formas de celebrar.

«La relación con quien ya no está no termina; se transforma.»

Lo que nos dice la mirada psicológica

Desde una perspectiva clínica, es importante recordar que estas fechas pueden reactivar el dolor y generar la sensación de que no se ha «avanzado» como uno pensaba. Estas experiencias son esperables, ya que no se trata de un día común y corriente. Es, de hecho, un día en el que la presencia del ser querido era esencial.

Para afrontar la reactivación del malestar, algunas personas optan por evitar las celebraciones. Otras, en cambio, reconstruyen el rito con el fin de simbolizar, resignificar y honrar a la persona. No existe una única manera de transitar estos días, pero sí provoca alivio poder anticipar el impacto emocional que ellos generan.

Darle espacio a la emoción

En coherencia con lo anterior, se vuelve especialmente importante construir y propiciar espacios en los que la emoción pueda movilizarse y expresarse libremente, sin la necesidad de apagarla o evitarla. En el duelo, todas las emociones tienen su lugar, su tiempo y su función; escucharlas es, simplemente, parte del proceso.

«En el duelo, todas las emociones tienen su lugar, su tiempo y su función.»

Este Día del Padre, también puede ser un reencuentro

Así, estas primeras veces nos invitan no solo a sentir nuevamente el dolor y la nostalgia, sino también a aprender, de manera progresiva, a vivir en este mundo donde el ser querido ya no está físicamente. Este Día del Padre puede ser, además, una oportunidad para volver a conectar: para reconstruir, mediante nuevas formas y costumbres, ese vínculo tan especial.

Escrito por Antonia Pincheira, psicóloga clínica.

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