Una iniciativa de Parque del Recuerdo

Libros y novelas donde podrás ver reflejado tu proceso de duelo

Cada una de las personas que enfrentar la pérdida un ser querido, vive su duelo de manera única y particular. Es así como hay hombres y mujeres que ante situaciones difíciles, buscan consuelo de diversas formas, siendo una de ellas la lectura.

En ocasiones es de gran ayuda leer novelas o libros con una trama similar a la que estás viviendo, ya que de esa forma serás capaz de visualizar que no eres el único que siente tristeza, rabia, impotencia o frustración, sino que podrás ver otras aristas del proceso que estas enfrentando, y quizás, de esa forma, podrás sentirte un poco más aliviado.

Es así como leer novelas relacionadas con la muerte, también nos ayuda a ser más resilientes, a tener un pensamiento positivo frente a los obstáculos y así ser capaz de mirar al futuro. Es por ello que a continuación mencionamos algunos libros que podrían ayudarte a comenzar un nuevo hobby como es la lectura recreativa, y que también pueden ser de gran ayuda para enfrentar el difícil momento que estás viviendo.

– El año que el mundo se vino abajo, Clare Furniss (2016).

Pearl tiene dieciséis años y acaba de perder a su madre. Ese es el inicio de un año fatídico en el que su mundo, como bien indica el título de esta emocionante novela, se viene abajo, se desmonta totalmente. Los jóvenes lectores acompañarán a la protagonista de esta historia durante un año, en el que mes a mes, capítulo a capítulo, siente que nada tiene sentido, busca explicaciones al fallecimiento de su madre, intenta encontrar culpables y, sobre todo, siente que no sabe qué lugar ocupa en el mundo. Y es que cuando nuestro mundo se desmonta, ¿cómo conseguimos recuperarnos?

– La invención de la soledad, Paul Auster (1982). 

Una mañana de enero de 1979, el escritor se enteró de que su padre había fallecido. Es ahí que comenzó a escribir este libro autobiográfico que se transformó en una reflexión sobre la paternidad, la muerte, el dinero, la soledad y la literatura. Esta novela se divide en dos textos: “Retratos de un hombre invisible”, donde se analiza un misterioso asesinato ocurrido en la familia 60 años antes, y las consecuencias que esto tiene en el carácter de su padre fallecido, y “El libro de la memoria”, donde el autor habla acerca de la relación con su propio hijo, evolucionando a la orfandad del escritor y el papel activo que desempeña la memoria.

– La gente feliz lee y toma café, Agnès Martin-Lugand (2014). 

Tras el fallecimiento de su marido y de su hija en un accidente, Diane lleva un año encerrada en casa, incapaz de retomar las riendas de su vida. Su único anclaje con el mundo real es Félix, su amigo y socio en el café literario La gente feliz lee y toma café, en el que Diane no ha vuelto a poner los pies. Decidida a darse una nueva oportunidad lejos de sus recuerdos, se instala en un pequeño pueblo de Irlanda, en una casa frente al mar. Los habitantes de Mulranny son alegres y amables, salvo Edward, su huraño y salvaje vecino, que la sacará de su indolencia despertando la ira, el odio y, muy a su pesar, la atracción. Pero ¿cómo enfrentarse a los nuevos sentimientos? Y luego, ¿qué hacer con ellos? 

– El olvido que seremos, Héctor Abad Faciolince (2007).

Héctor Abad Faciolince descubrió a su padre fallecido, el médico Héctor Abad Gómez, en un charco de sangre en agosto de 1987. Especialista en salud pública, activista contra la corrupción política y profesor universitario mal visto por los acomodados de la élite, Adad Gómez fue asesinado por dos jóvenes que iban en moto mientras él asistía al funeral de otra víctima de paramilitares. Su hijo rememoró sus propias vivencias de niño privilegiado, y reconstruyó la biografía del hombre público volcado en una causa.

– Di su nombre, Francisco Goldman (2011). 

En el verano de 2007, Aura Estrada, la joven escritora casada con Francisco Goldman, falleció de manera repentina en una playa de Oaxaca, México, dejando un vacío en la vida de todas las personas que la conocieron. Durante el largo periodo de duelo, el autor estadounidense escribió una novela en la que cuenta la vida de la joven mujer, retrata su relación amorosa, desde sus orígenes hasta esa trágica mañana, pero también la soledad y el horror de seguir viviendo sin ella.

– Noches azules, Joan Didion (2012).

Tras el fallecimiento de su esposo y de su hija, Didion reflexiona sobre la muerte, sobre quienes se van y quienes se quedan, sobre la ausencia y el rol de los padres. Quizás como una continuidad de “El Año del Pensamiento Mágico”, libro que escribió a los pocos meses de ambas muertes que transcurrieron en menos de dos años, “Noches azules” es la narración de pensamientos y recuerdos, sin caer en la autocompasión ni en la autoayuda. Da la impresión de que para la autora la manera de pensar y racionalizar el dolor pasa por escribir. Sus manos y las letras que salen de ellas son parte de su duelo.

– La ridícula idea de no volver a verte, Rosa Montero (2013).

Cuando Rosa Montero leyó el maravilloso diario que Marie Curie, luego del fallecimiento de su esposo, sintió que la historia de esa mujer fascinante que se enfrentó a su época le evocaba muchas ideas y emociones. A través de las vivencias de Curie, la escritora construye una narración que va desde su recuerdo personal y la memoria de todos. Son páginas que hablan de la superación del dolor, de las relaciones de pareja, de la buena muerte y de la bella vida, de la ciencia y de la ignorancia, de la fuerza salvadora de la literatura y de la sabiduría de quienes aprenden a disfrutar de la existencia con plenitud y con ligereza.

– También esto pasará, Milena Busquets (2015). 

Cuando era niña, para ayudarla a superar la muerte de su padre, su madre le contó un cuento chino. Una historia sobre un poderoso emperador que convocó a los sabios y les pidió una frase que sirviese para todas las situaciones posibles. Tras meses de deliberaciones, los sabios se presentaron ante el emperador con una propuesta: «También esto pasará.». Ahora es la madre de la joven Blanca quien ha fallecido y esta novela, que arranca y se cierra en un cementerio, habla del dolor de la pérdida, del desgarro de la ausencia. Pero frente a este dolor queda el recuerdo de lo vivido y lo aprendido, y cobra fuerza la reafirmación de la vida a través de las amigas, los hijos y los hombres que han sido y son importantes para Blanca.

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