Una iniciativa de Parque del Recuerdo

Cómo hablar con nuestros niños sobre la cineración

Explicar el fallecimiento de un ser querido a los niños no es un proceso fácil, más considerando que los adultos siempre intentarán no generarles más daños ni sufrimiento a los pequeños.  A los grandes les inquieta que los menores puedan ponerse muy tristes, o que no sean capaces de entender esta trágica noticia, por lo que en ocasiones ni siquiera se toman el tiempo para hablar con ellos y explicarles lo sucedido.

En ese contexto, es importante recordar que el dolor va a aparecer tarde o temprano, ya que casi nadie es ajeno al fallecimiento de un ser querido. Ya sea un familiar, un compañero de clases o un amigo, es muy probable que el niño viva un proceso de duelo por la pérdida de una persona cercana.

Debido a lo anterior, es fundamental asegurarse que el niño entienda lo que pasa a su alrededor, ya que esto facilitará una mejor elaboración del duelo. Además, es importante que sea un adulto significativo quien le cuente la noticia, debido a que se deberá contener y apoyar al niño durante este momento, en el que el menor puede no entender bien lo que esta ocurriendo. Es por ello que es necesario confirmar que el pequeño no quede con interrogantes al respecto.

Cuando la persona fallecida es cinerada, surgen aún más inquietudes sobre cómo explicar el proceso de cremación a los niños, sin generar mayores aprensiones en ellos. Es así como para generar el menor impacto posible, es necesario tener en consideración que tanto el contenido de lo que se dice, como la forma en que se hace, son importantes.

¿Qué decir? 

  • Explicar el proceso de cremación lo más claro y pedagógicamente posible: “la cineración es un proceso en el que el cuerpo de la persona que ya no está con nosotros es llevado a un lugar llamado crematorio, y por medio de calor se reduce en pequeñas partículas”. Es importante decirle al niño que las partículas parecen como polvo blanco o gris, y también se recomienda evitar el uso de la palabra fuego.
  • Dígale al niño que la persona fallecida no siente ningún dolor, ya que esto puede ser la primera preocupación del menor sobre el cuerpo, al ser transformado en cenizas.
  • Explíquele el propósito del ánfora: algunas familias escogen poner las cenizas en un envase especial, que por lo general se llama “ánfora”. Éstas pueden ser de madera, metal o cerámica, y suelen ser muy bonitas.
  • Si los restos están en su casa, dígale y muéstrele al niño el ánfora y por qué su familia eligió recordar a quien partió de esta manera. Usted puede decidir si permite o no al menor mirar dentro para ver los restos, ya que es probable que por su curiosidad quiera observar, y eso no debería generar ningún trauma en ellos.
  • Coménteles que la cremación se ha utilizado durante miles de años por los antiguos griegos y otras culturas. Hágales ver que este es un proceso normal, y que es una tradición ancestral, ya que de esta forma puede quitarles el malestar acerca de la cremación.

¿Cómo debe decirse? 

  • Con calma, con una voz pausada y un tono cálido, siempre mirándole a los ojos. Responda sus preguntas y también puede invitarlo a acercarse al ánfora.
  • Si lo desea, puede consultarle en qué parte le gustaría poner el ánfora en una primera instancia. Recuerde que las decisiones pueden variar con el tiempo y se ven muy influenciadas por las etapas del duelo.
  • Si el propósito es esparcir las cenizas, cuéntele cual es el plan familiar y ofrézcale participar de este ritual si es posible. Esta puede ser una muy buena instancia de reparación, ya que es una nueva despedida que el niño tiene tiempo de preparar (incluso puede hacer un dibujo o carta para la ocasión). Será un momento más íntimo, donde se sentirá menos expuesto frente a la cantidad de personas que participan de éste, permitiéndole integrar de mejor forma la experiencia.

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