Una iniciativa de Parque del Recuerdo

Tras la pérdida de un padre o madre, los adolescentes pueden desarrollar la parentialización y asumir un rol protector.

El rol del adolescente frente a la muerte de un padre

La adolescencia es un periodo de la vida donde los jóvenes comienzan a independizarse, sin embargo, siguen necesitando del apoyo y cuidado de sus padres. Por eso, cuando fallece uno de los cuidadores, la situación suele volverse compleja.

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Frente al fallecimiento de una madre o padre, es común que los jóvenes sientan culpa y aparenten que está todo bien, por lo que evitan compartir sus emociones.

“Esto tiene que ver con algo propio de esta etapa que es la vulnerabilidad. Esta no es tan bien recibida, debido a que las personas buscan dar un paso hacia la independencia. Entonces, el sentirse frágiles, los expone ante otros”, explica María Ignacia Sandoval, psicóloga de Contigo en el Recuerdo.

Como consecuencia, puede ocurrir que los adolescentes no pidan ayuda cuando se sientan mal, aislados o poco acompañados.

En este sentido, es muy importante que el entrono acompañe durante el duelo tanto a los más pequeños del hogar, como a los adolescentes, y que estén atentos a sus necesidades.

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Cuando uno de los cuidadores fallece, los adolescentes tienden a asumir un rol protector.

“No es extraño o poco común que a los adolescentes se les exijan más responsabilidades. Esto puede hacer que lleguen a cumplir roles que antes cumplía el fallecido, y con ello, pueden perder la posibilidad de vivir su adolescencia”, dice.

Además, agrega que “si un cuidador queda muy desregulado emocionalmente tras la pérdida de su pareja y los jóvenes sienten que no puede valerse por sí mismo, pueden llegar a desarrollar la “parentalización”.

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¿Qué significa esto? En términos simples, el o la adolescente satisface las necesidades físicas y emocionales del sistema familiar, sacrificando las suyas. Por ejemplo, el comenzar a trabajar sin carrera o cuidar a los adultos y niños.

Las consecuencias de esto son evidentes. “Se puede ver a los adolescentes más desconectados de sus emociones, incapaces de saber qué es lo que necesitan y con dificultades para decir no o poner límites”, afirma la psicóloga.

Por eso, María Ignacia Sandoval recomienda tener mucho diálogo con los adolescentes, hacerles saber que su papel dentro de la familia no se verá modificado y que tendrán un momento para vivir el duelo y su propia juventud.

“Nace la necesidad de mantener conversaciones con los jóvenes, en donde se les recuerde que siguen siendo adolescentes, que aún tienen la posibilidad de estar con sus amigos. Que las responsabilidades seguirán estando de la mano de los adultos”, cierra.

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